Muchos años pasé sin ir a los corsos, pero desde hace dos o tres no falto, sobre todo porque efectuaba alguna que otra crónica para las páginas de 254 La Posta, mensuario antaño dirigido por el hoy funcionario municipal Marcelo Melo.
En primera fila nos sentamos con mi compañera de ruta, Fernanda, que me hizo notar algo, no menor: “Inundados de promesas” se llama la murga del comedor “Los Pampitas”. Empecé a prestar mayor atención a la locución. Crítica, profundamente crítica. Una presentación que rompía los moldes. Se metían en la realidad. Profundamente política. La murga, crítica y contestataria se hacía presente, en la alocución, en el texto presentación que entregaron para que sea leído al público. Y ni qué decir del nombre: “Inundados de promesas” en un barrio, en una barriada como tantas otras de nuestra ciudad que están, literalmente, inundados de promesas.
Descubiertos de máscaras desenmascaran esa otra cara que deben tener y que históricamente tienen las fiestas populares y que tantas veces la sociología y los comunicadores sociales han analizado: una crítica al estado de situación social.