Educación y cultura

Ense√Īar a ser, un don de los maestros In Memorian, Alberto Igon

Por Oscar Dinova

Nadie felicita a un maestro por ense√Īar que dos y dos son cuatro. Se le felicita, acaso, por haber elegido tan bella profesi√≥n. Albert Camus (La Peste – Premio Nobel de Literatura)

El tamborileo del carnaval, sus gritos y alegría se escuchan lejos en mis oídos y mucho más en mi corazón. Hay días que parecen inadecuados para compartir la algarabía general.

Hoy es uno de esos días.

Cuando en los primeros a√Īos de la d√©cada del ¬ī70 curs√°bamos la secundaria en San Patricio uno ten√≠a ligeros los pies y acelerado el coraz√≥n. Los profes se ve√≠an todos grandes y mayores, salvo alguna suplencia inesperada.

Enmarcados en a√Īos de rebeld√≠a mir√°bamos a los profesores con una mezcla de desaf√≠o y cari√Īo tambi√©n. Hab√≠a de por s√≠ las materias ‚Äúdif√≠ciles‚ÄĚ y otras que nos parec√≠an ‚Äúbizarras‚ÄĚ y desconocidas y en d√≥nde pens√°bamos, prejuiciosamente, que lo √ļnico a conquistar era una nota salvadora para seguir avanzando.

Fue cuando conocimos a Alberto Igon, el profesor de filosofía. Construyó desde la sencillez de sus conceptos un mundo nuevo y estimuló con su entusiasmo nuestra apetencia de saber, por allí pasaron los clásicos pero también los  flamantes pensadores y en no pocos casos los innovadores del mundo. Sin censura ni clasificación previa pudimos leer en libertad a Sartre, Camus, Cardenal, Heidegger y tantos otros. Nos los mostró, no como genios fuera de la medida humana, sino como partícipes de su tiempo, con errores y aciertos. Sus verdades y sus limitaciones también.

Hizo accesible lo dif√≠cil y hasta los m√°s reticentes disfrutaron de las diferentes formas de concebir el mundo. Era un raro equilibrio entre el entretenimiento y la profundidad, ten√≠a un don para la ense√Īanza que no est√° dado a todos, aunque en definitiva el secreto fue amar su vocaci√≥n y respetar a su alumnado. Exigir y escucharnos, no fuimos pocos los j√≥venes que desfilamos por su casa para aventar dudas o simplemente para charlar o pedir alg√ļn libro dif√≠cil de conseguir en aquella d√©cada tan particular.

Los tiempos y la violencia sin freno que inund√≥ nuestro pa√≠s, nos distanci√≥ forzozamente, cada uno sigui√≥ su camino. √Čl, fiel por lo que supe a sus principios y a sus conceptos de libertad. Cuando la vida nos reuni√≥ nuevamente nos sonre√≠mos y con esa sencillez de los realmente sabios me pidi√≥ que le contara lo que hab√≠a vivido, pues quer√≠a aprender de primera mano lo que hab√≠amos pasado en el exilio, mis proyectos o simplemente mi opini√≥n sobre la Argentina actual.

Se nos fue en estos d√≠as, justo cuando son horas de alegr√≠a tenemos un velo de tristeza. Pero con la perspectiva que dan los a√Īos muchas generaciones de sus alumnos debemos sentir orgullo de haber sido formados por maestros como Alberto. Es esa clase de profes que no ense√Īan s√≥lo contenidos, sino a pensar por s√≠ mismos, a ser cr√≠ticos y autocr√≠ticos, a mejorar y cambiar constantemente, a embellecer la humanidad.

Ten√≠a el don de ense√Īar a ser, un atributo que no abunda pero que hoy se ha convertido en su legado y creo firmemente, – y pienso que interpreto a mis compa√Īeros de promoci√≥n- que para honrar su legado s√≥lo deberemos replicar, de la mejor manera posible, esta singular forma de ense√Īar y de comportarnos en la vida.

Presentes tus alumnos, querido Profesor Igon.

 

Oscar A.Dinova

Escritor (Promoci√≥n ¬ī73 de San Patricio)

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