Después de años en que el cauce del río Luján parecía casi desierto de vida, ahora se observa un notable regreso de peces y de personas interesadas en la pesca recreativa en tramos donde antes apenas había agua visible. Bagres, mojarras y sábalos, e incluso capturas inusuales como dorados, están despertando entusiasmo entre los pescadores que vuelven a acercarse a sus orillas.

Especialistas que analizan el fenómeno aseguran que no hay un solo factor que explique la reaparición de la fauna acuática, sino una combinación de mejoras en la calidad del agua —como menor contaminación y mejor oxigenación— y fenómenos naturales como la conexión con otros cursos de agua durante crecidas recientes. Estas condiciones parecen haber creado un entorno más favorable para que especies más resistentes vuelvan a habitar este tramo del río.
Este renacer ha transformado zonas cercanas a puentes y accesos en puntos de encuentro al aire libre: familias y aficionados a la pesca dedican horas junto al río, buscando sombra y lanzando sus cañas con esperanza. Aunque aún falta infraestructura adecuada para el público (como sombra o áreas de descanso), la afluencia de visitantes refleja un cambio en la percepción del Luján, que días atrás se veía como un cauce castigado y hoy tiene señales claras de vida y actividad recreativa.
Fuente y Foto: Bisemanario El Civismo