Carlos Mosso expresó su preocupación por el boulevard de Avenida 16

Por Carlos Mosso. Escribo estas palabras con el fin de anticipar o prevenir algún dolor de cabeza. La prevención no es momentánea ni casual, tampoco un recurso para ser utilizado esporádicamente en discursos mediáticos. La prevención se milita, se vive y se aplica en cualquier ámbito de nuestras vidas. Existe en la salud, en el trabajo, en los hogares, en los oficios y también en lo que llamamos seguridad vial.

Un dato clave: la prevención no es un gasto, es una inversión. Así debería entenderse desde el plano económico, tanto por empresarios como por quienes ocupan cargos legislativos y ejecutivos.

En este contexto, se observa desde hace un tiempo en el Boulevard de Avenida 16, entre calles 25 y 23, la instalación de puestos de venta de productos artesanales. Allí participan vecinos, en su mayoría adultos mayores, que buscan mejorar sus ingresos y disfrutan de la interacción social. Hasta ahí, todo parece positivo. Sin embargo, surge la preocupación: ¿el Municipio y los concejales autorizaron esta actividad en ese lugar?

La inquietud se centra en los riesgos. A tan solo 20 centímetros de la vía pública, vendedores y compradores transitan cerca de un tránsito intenso y permanente. ¿Qué ocurriría si alguien tropieza, se descompone o cae hacia la cinta asfáltica? ¿Qué pasaría si un motociclista imprudente pierde el control y se sube al Boulevard? Las respuestas son obvias y preocupantes.

La responsabilidad recae en quienes gobiernan: intendente, funcionarios y concejales. El reclamo es claro: habilitar espacios seguros como el predio de La Trocha, plazas u otros lugares públicos verdes, que brinden comodidad y seguridad sin poner en riesgo a nadie.

La pregunta que queda flotando es contundente: ¿de verdad se quiere cuidar a los ciudadanos, especialmente a los adultos mayores? La prevención exige decisiones firmes, no indiferencia ni silencio para evitar críticas en redes sociales.

Ya se ha advertido sobre otros riesgos, como los balcones gastronómicos en la vía pública, que carecen de ordenanza y exponen a comensales. En este caso, el pedido es que no se repita la misma lógica: no se trata de impedir la actividad de personas de bien, sino de garantizar que se desarrolle en condiciones seguras.

La prevención, como se insiste, no es un gasto. Es una inversión en la vida y el bienestar de la comunidad.