El peligro de un gobierno monocolor

Por Juan Manuel Torres

Candidato a intendente por UdeSo

Hay varios aspectos a tomar en cuenta para analizar las pasadas Primarias del 14 de agosto.

El primero, que mediante artilugios y al calor de influencias se ha violado la ley electoral vigente. Violación preparada anticipadamente por nada menos que Randazzo, Ministro del Interior, e instrumentador de la ley, al inscribir una agrupación que permitiera sortear el orden legal y que fuera aprovechada por La Cámpora.

La Cámpora y el selvismo son dos vertientes locales del kirchnerismo y debieron, por tanto, según la ley, ir a internas entre sí para definir quién de ellas quedaba en condiciones de representar a ese espacio en los comicios de octubre. En vez de eso, violando la ley, se los autorizó a ambos a presentarse en agosto y a que, cualquiera fuere el resultado, siguieran compitiendo para octubre.

El segundo, la ostentación de influencias y el escandaloso uso de dinero, que hace suponer respecto de ambos el uso de fondos públicos con fines proselitistas (lo cual debiera generar repudio de la buena conciencia ante la existencia de tanta gente necesitada), fueron estimulando la sensación de un poderío excluyente que concluyera generando las condiciones favorables a una polarización entre ambos.

Creo que así como hubo genuinos votantes para cada grupo, hubo también quienes en buena medida, producto del clima creado, alternativamente apoyaron a uno para evitar el triunfo del otro y que de esta manera terminaron potenciando a ambos.

Debo advertir que si se sigue por este camino habrá de ponerse en riesgo el orden institucional, pues se tiende a una hegemonía excluyente del kirchnerismo que atenta contra la diversidad propia de la práctica democrática y contra el equilibrio de poderes y la capacidad de control que imponen el sistema republicano de gobierno.

Si esto se trasladara a las elecciones de octubre tendríamos un gobierno municipal monocolor (Ejecutivo y Concejo Deliberante), en manos de una sola identidad política.

Aunque a veces no se advierta por quien tiene una posición distante, sé, por haberlo vivido de cerca, cuánto daño genera a la ciudad una situación de esta naturaleza.

En tercer término, afirmo el error de la oposición por haber renunciado a la posibilidad de ofrecer al electorado una alternativa consistente.

En lo que nos toca digo que en el 2009, el Acuerdo Cívico y Social (integrado por UCR, GEN y Coalición Cívica), estuvo a escasos votos de alzarse con una victoria en las legislativas. En lugar de consolidarlo y ampliarlo, la dirigencia se dedicó a destruirlo. Primero Carrio y luego Stolbizer frustraron los esfuerzos del radicalismo por sostenerlo. Aquí en Mercedes los radicales machacamos la necesidad de preservar el acuerdo y más de una vez lo hice público, aunque más no fuera en el orden local. Todo fue en vano.

Manteniendo una concepción de apertura buscamos otros acuerdos, que hasta hoy han sido insuficientes, pero que pretendemos potenciarlos hacia las reales de octubre, convocando incluso a la decisión autónoma de quienes en su momento lo apoyaron, buscando reconstituir en los hechos al Acuerdo Cívico y Social, esperando además una respuesta positiva de quienes votaron en blanco y quienes sintieron condicionado su voto por una situación irreal, como todo ciudadano, que comparta con nosotros la valoración de los intereses que están en juego.

Veo a los comicios del 14 de agosto como un ensayo general útil para advertir errores, con tiempo para corregirlos. Por un lado, lo pernicioso de la polarización y por otro, en todo caso, la evidencia de que el ciclo de Selva se ha agotado: salió tercero en las elecciones de 2009, sufrió en las últimos tiempos una fuerte fuga de militantes y es una evidencia marcada por la experiencia que esa fuga se multiplicará producto de la realidad política instalada a partir de esos comicios del 14 de agosto.

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