Familia de Alberto Florella: «Gracias eternas»

Dicen los libros, los de Derecho pero también los de Psicología, que todas las deudas (las económicas pero también y fundamentalmente las emocionales) son pasibles de cancelación.
Nosotros, concienzudamente, esta vez elegimos renunciar a ese beneficio.
Nuestro agradecimiento será tan eterno e infinito como podamos.
Gracias eternas a quienes nos ayudaron y acompañaron en la enfermedad de Alberto.
A todo el personal del Hospital Blas L. Dubarry, especialmente a las enfermeras que soportaron con enorme estoicidad y profesionalismo el carácter inquieto (y los piropos en su caso) del singular paciente, a los médicos que acudieron siempre y nos brindaron todas las respuestas profesionales y humanas posibles.
También gracias a la Dirección del Hospital y a todo el personal administrativo porque siempre estuvieron.
Gracias a los médicos que en forma personal o particular se encargaban de la salud de Alberto porque nos han brindado su tiempo y sus conocimientos sin horarios ni condiciones.
Gracias a todas las autoridades y al personal de PAMI por la inmediata respuesta.
Gracias también a todo el equipo de Suipsalud que trabajó con seriedad y cariño en su atención domiciliaria.
Estamos orgullosos del sistema de salud de nuestra ciudad. Jamás dudamos de que la atención de Alberto debía realizarse integralmente en Mercedes y no nos equivocamos.
Luego, gracias eternas por el acompañamiento y el pesar de todos los mercedinos que se acercaron a darle el último adiós. Gracias por las muestras de afecto: a sus amigos, a nuestros amigos. También gracias a los chivilcoyanos por su afecto, su recuerdo, sus saludos. Gran parte de su vida transcurrió allí y no fue en vano.
Gracias a las autoridades y los dirigentes políticos y sociales de nuestra comunidad por el cariño y el respeto hacia Alberto y toda su familia.
Eterno agradecimiento a todos sus compañeros de Radio Meridiano por tantos mimos y tanta compañía, a quienes trabajaron con él en otros medios y a todos los periodistas de los medios locales que se acercaron desinteresadamente a expresar su admiración y su respetuoso saludo.
Gracias eternas a sus oyentes, a los que conocíamos y a los anónimos que llegaron de todos los puntos de la ciudad a la despedida final de su «viaje a las estrellas», como siempre le gustaba decir. También a los que nos brindaron su caluroso apoyo con sus cientos de mensaje y llamados a la radio o a nuestros teléfonos.
Nos desbordó el amor, el cobijo y la solidaridad.
Hay nombres propios, por supuesto. Pero aprendimos de Alberto aquello de la Comunidad Organizada respecto de que «La humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee la clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros no se opera metóricamente como un exterminio de individualidades, sino como una reafirmación de éstas en su función colectiva» y por eso abrazamos a todos, sin distinción y preferimos el homenaje sin distingos.
Somos de acá, siempre orgullosamente lo seremos. Eternamente gracias.
Los Floros (todos)

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