
La reciente licitación de la Ruta Nacional N° 5 volvió a encender las alarmas entre quienes la transitan a diario. Carlos Mosso, referente del colectivo «Autovía Ruta 5 ¡Ya!», analizó en detalle los puntos más polémicos del pliego y advirtió que el esquema se repite desde los años ’90.
La empresa ganadora, bajo la lupa
La adjudicación quedó en manos de una firma mendocina de origen familiar que realizó el 99% de sus obras en esa provincia. Mosso recordó que la empresa atravesó un serio traspié financiero en 2020, con cheques sin fondo y pedidos de quiebra, aunque hoy contaría con el respaldo del Estado nacional. La firma del contrato se espera para entre agosto y septiembre.
El negocio de los peajes
Uno de los aspectos más cuestionados es el esquema tarifario. El pliego establece una tarifa para automóviles que ya se estaría alcanzando incluso antes de que la nueva concesionaria tome el mando. Además, Mosso denunció una maniobra para sortear la normativa vial: «La ley exige al menos 80 km entre peajes. Como entre Olivera y Gorostiaga no se cumple, moverían el peaje de Olivera hacia Luján para encuadrarse en la norma y seguir cobrando».
Obras que siguen sin aparecer
Para los autoconvocados, el verdadero problema es lo que el pliego no incluye: las grandes obras de infraestructura que la región reclama desde hace tres décadas. Entre las ausencias más llamativas figuran la autopista Mercedes-Luján (faltan 8 km), la finalización del bypass de Luján y la rehabilitación de puentes deteriorados.
«Lo recaudado apenas alcanza para mantenimiento básico. Para obras importantes es muy difícil que alcance sin financiamiento externo», explicó Mosso, quien propuso como alternativa más viable avanzar con una autovía, que «cuesta la mitad» que una autopista.
«Treinta años de promesas incumplidas»
Mosso cerró la entrevista con un mensaje cargado de escepticismo: la historia de la Ruta 5 es, según él, un ciclo que se repite. Primero llegan los peajes. Después, con suerte, llegan las obras.