Albor Ungaro en el recuerdo de Tulio Ortíz (parte II)

3o 1a. 1958

Por Tulio Ort√≠z –¬†

Como suele ocurrir, al concluir una evocación se cae en la cuenta que muchas cosas han quedado en el tintero.

Dej√© pasar un tiempo entre el primer art√≠culo publicado a pedido de Hoy Mercedes (31-8-14) y el presente, en la esperanza que otros efectuar√≠an numerosas reminiscencias de Albor √öngaro, detalladas y precisas, que tornar√≠an innecesario continuar con el asunto. Pero me di cuenta que fue una expectativa err√≥nea. Pr√°cticamente el fallecimiento de este preclaro¬† hijo de Mercedes ha pasado desapercibido. Con excepciones. No muy ostensibles, y que hay que buscar con lupa en alg√ļn semanario. Tal el homenaje del Colegio Nacional al autor de la m√ļsica de la ‚ÄúCanci√≥n del Colegio‚ÄĚ que, al parecer, consisti√≥ en que la entonara la comunidad de la hoy Escuela Media No.3.

Pues, en efecto, Albor √öngaro y Jos√© L√≥pez Iribarren (primo hermano de los doctores Alfredo y Jos√© Iribarren, y sobrino del recordado historiador de Mercedes) fueron quienes crearon, all√° por 1950, esta obra que enaltece tanto al centenario Colegio como a su patrono. La composici√≥n ¬†les fue encargada por el Rector Jacinto Cavenaghi (antecesor del Prof. Alberto J. Casaretto). Cavenaghi, debemos recordarlo, promovi√≥ el Centro de Egresados, fund√°ndolo con varios ex alumnos. La importante instituci√≥n cultural mercedina naci√≥ en aquel a√Īo en una reuni√≥n llevada a cabo en el domicilio de la calle 30 No.680 por entonces de David S. Lennard y su esposa do√Īa Josefa Altube de Lennard quienes all√≠ moraban con sus peque√Īas hijas, Mar√≠a Isabel, Mar√≠a Alicia y Mar√≠a Teresa. Aquel me refiri√≥ varias veces el episodio, se√Īal√°ndome hasta el lugar donde se hab√≠a efectuado la reuni√≥n, dentro de su residencia.

Como circulan muchas versiones compendiadas y poco fiables me permito trascribir la más aceptada y que me fuera proporcionada generosamente por la Prof. Juana Ganduglia, quien emprendió con éxito, a raíz del Centenario del Colegio (1906-2006), una labor titánica de investigación, que volcó en una página de Internet, que hoy esta inhabilitada por desidia del propio Colegio.

CANCI√ďN DEL COLEGIO

Letra: Albor Ungaro

M√ļsica: Jos√© B. L√≥pez¬† Iribarren.

 

Juventud que estudiando acaricia

ilusión, esperanza y afán

entonemos de pie junto al libro

la canción del esfuerzo la paz

 

Florentino Ameghino es el nombre

de esta casa sendero de fe

que le brinda triunfal a la patria

savia nueva de luz y saber.

En nuestros campos crece el dorado trigal

bajo los rayos de este sol de libertad

como en el aula, en el aula fecunda el amor

la simiente que har√° un futuro mejor

bajo el manto de eterna amistad.

Compa√Īeros que cada ma√Īana

transponemos el viejo portal

al amparo del claustro sentimos

el calor que recuerda el hogar.

Florentino Ameghino es el nombre

de esta casa sendero de fe

que le brinda triunfal a la patria

savia nueva de luz y saber.

Salvo alg√ļn detalle, creo que esta es la versi√≥n fidedigna del poema musicalizado.

Cabe agregar que hace a√Īos, con gran asombro, me enter√©, por boca del propio √öngaro, que nunca hab√≠an inscripto la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual.

Otra curiosidad es que, lamentablemente, no hay grabaciones oficiales. La √ļnica existente, seg√ļn me informa la Profesora Ganduglia, es una que fue producto de la iniciativa de la se√Īora esposa del Dr. H√©ctor Barreneche, cuyos interpretes por ahora desconozco.

En aquel lejano ‚ÄúA√Īo del Libertador General San Martin‚ÄĚ, nacieron el Centro de Egresados del Colegio Nacional y la ‚ÄúCanci√≥n del Colegio‚ÄĚ. Diez a√Īos despu√©s, estamos ahora en 1960, en ocasi√≥n de un homenaje que se le hiciera en Zarate, patria chica del Dr. Cavenaghi, (que, efectivamente, no era egresado del Nacional de Mercedes si no del de Z√°rate), en 1960, dec√≠a, viaj√≥ una delegaci√≥n del Nacional de Mercedes integrada por varios alumnos que curs√°bamos 5¬ļ a√Īo. Nos acompa√Īaron Albor √öngaro y Roald Vigan√≥ que no solo era un ser humano excepcional, sino de un talento sorprendente (como lo fueron ¬†Eduardo y Efr√©n, primeros en introducir la radio a galena en el Mercedes de los a√Īos 20, con la cual Eduardo Vigan√≥ (padre de Roald), lograba sintonizar, seg√ļn referencias de mi padre que estaba presente, ¬†una emisora de Nueva York que transmit√≠a ‚ÄúLa Princesa del D√≥lar‚ÄĚ, que al parecer, era un gran √©xito por entonces).

Volviendo a Zarate. Observando √öngaro y Vigan√≥ el nombre de una barcaza estacionada en el Puerto de Zarate¬† (que como buenos forasteros fuimos a conocer) comenzaron a discurrir si su nombre (‚ÄúLa Odisea‚ÄĚ) era m√°s rom√°ntico que cl√°sico o a la inversa, en un desborde de ingenio y erudici√≥n dif√≠cil de olvidar.

En aquellos finales de los a√Īos 50, m√°s precisamente en 1958, tuvo gran repercusi√≥n en Mercedes el debate entre ‚Äúla libre y la laica‚ÄĚ (que se refer√≠a a si las universidades privadas podr√≠an emitir t√≠tulos habilitantes), con pintadas, algunas escenas de pugilato (donde cay√≥ al suelo el Padre Cuchietti que no era malo para las fintas box√≠sticas) y un gran debate realizado en el Sal√≥n del Hotel Paris, al lado del Cine Espa√Īol. All√≠ debatieron, con gran fuerza y respeto, ambos bandos por medio de sus primeras espadas. A los ‚Äúlaicos‚ÄĚ los representaban Roberto Lasala y Albor √öngaro, a los ‚Äúlibres‚ÄĚ Julio Ojea Quintana (otro olvidado de la larga lista) y el joven Horacio Moavro. Cada bando ten√≠a su propia hinchada (morados y verdes, respetivamente) que atronaban el ambiente, vuelto tenso y por momentos irrespirable. La gente desde la vereda segu√≠a atentamente la discusi√≥n ¬†a trav√©s de los parlantes que hab√≠a colocado sol√≠citamente Carlos Luna due√Īo de ‚ÄúOMDA. Una autentica Voz Mercedina‚ÄĚ, con sede a pocos pasos.

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Con Jos√© Luis Zammitto, Mario C√°mpora, Dickie Herrero, Eduardo Zabulanez y un pu√Īado m√°s, integr√°bamos el bando de los ‚Äúverdes‚ÄĚ,¬† bastante √≠nfimo en el Nacional, por cierto. Incluso public√°bamos libelos a favor de nuestro bando en el mime√≥grafo que nos prestaba don Jos√© Zammitto donde transcrib√≠amos citas del propio Sarmiento a favor de la libertad de ense√Īanza¬† tomadas de sus ‚ÄúObras Escogidas‚ÄĚ que copiaba en la Biblioteca de mi abuelo Ortiz, de 25 No. 263. Firmaba los libelos un ‚ÄúCentro de Estudiantes Libres del Colegio Nacional‚ÄĚ severamente cuestionado no solo por los ‚Äúlaicos‚ÄĚ, como era l√≥gico, sino tambi√©n por los elementos clericales y franquistas de nuestro propio sector. A√Īos despu√©s, para mi consuelo, me enter√© que a los fundadores de la Liga Humanista de la Universidad de Buenos Aires, les hab√≠a ocurrido exactamente lo mismo, en la misma √©poca.

Los ‚Äúlaicos‚ÄĚ, a imitaci√≥n de lo que ocurr√≠a en otras partes del pa√≠s, decidieron la toma de los establecimientos de ense√Īanza. Encabezados por los amigos Mario Irle y¬† su primo Ra√ļl Scanavino tomaron el Nacional, cual el Alc√°zar de Toledo. Enterada la Polic√≠a de los extra√Īos moradores dio parte al Juez Federal, Dr. Raffo, quien se constituy√≥ en el lugar con el Fiscal Badano y el Secretario Agust√≠n Dion√©, quienes, en aquella fr√≠a madrugada de septiembre, desalojaron, tras algunos forcejeos, a los ocupantes.

Durante esos momentos de lucha del 58, nunca Albor √öngaro, palad√≠n de los morados, hizo la m√°s m√≠nima alusi√≥n a nuestras ideas adversas a las suyas y mucho menos esboz√≥ cualquier actitud que pudiera considerarse de antipat√≠a¬† hacia el sector verde. Aqu√≠ nos ense√Ī√≥ que la tolerancia no solo se predica sino que se practica.

No eran infrecuentes este tipo de debates de calidad intelectual, ni la presencia de pensadores como Jos√© Mar√≠a Rosa (fuimos con √öngaro y nos quedamos, a la salida, una hora en la esquina de 29 y 24, analizando la charla), Roberto Giusti (la conferencia se realiz√≥ en el Colegio de Abogados que estaba en el segundo piso de Tribunales. Estuvimos con Jos√© Luis Zammitto, recibiendo grandes elogios de la profesora de Literatura Margarita Orguelt), Arnoldo Lucius (en la Normal, inolvidable y significativa en mi vocaci√≥n docente), Juan Canter (Colegio Nacional, lo trajimos con Jorge Eleuterio Llanos, por recomendaci√≥n de Arturo Capdevila), Julia Prilutzky Farny, Le√≥nidas Barletta, Cora Bertol√© de Can√©, (estos tres en el homenaje a Can√© de octubre de 1960, en el cual estaban Ortelli, √öngaro, Ana Sampol de Herrero y la extraordinaria y jovenc√≠sima poetisa mercedina Graciela Lifsichtz), Tambi√©n nos ilustr√≥ con su conferencia sobre la Masoner√≠a Patricio Mac Guirre (cuyos restos reposan en la b√≥veda de su familia en el Cementerio de Mercedes), Gonzalo C√°rdenas ( disert√≥ en el saloncito de la Acci√≥n Cat√≥lica, en la Casa Parroquial, presentado por Carmen Gioscio, nuestra celadora del Nacional), David Marengo, ( por recomendaci√≥n de Atilio Diorio), quien habl√≥ sobre el desarme nuclear en el Sal√≥n de Actos del Nacional. Despu√©s me enter√© (recordemos que nos encontr√°bamos en plena ‚ÄúGuerra Fr√≠a‚ÄĚ y con guerrilleros que hab√≠an aparecido en Tucum√°n) que al evento lo hab√≠a visto con gran alegr√≠a ¬†el PC (a quien Frondizi persegu√≠a a pesar de que lo hab√≠an votado el 23 de febrero de 1958).

No era de extra√Īar, pues, que en 1959, invit√°ramos a desarrollar un curso a Lasala y a Ojea Quintana en la Biblioteca Sarmiento donde el primero explic√≥ el juicio a S√≥crates, siguiendo a Plat√≥n (a quien le√≠a y traduc√≠a de la versi√≥n Francesa !), y el segundo una serie de disertaciones sobre el concepto de filosof√≠a seg√ļn su √≥ptica tomista pero mechada con un Orteguismo notable. Estos cursos fueron iniciativa de Jorge Eleuterio Llanos y otros que est√°bamos en la misma tesitura de mover el ambiente cultural al que consider√°bamos, (como los j√≥venes de todas las √©pocas), algo pasatista y rutinario.

Era ‚Äúnuestro‚ÄĚ Mercedes de finales de los cincuenta. De la ‚Äúvuelta al perro‚ÄĚ (alrededor de la Plaza San Martin donde circulaban dos filas, ¬†una en sentido de las agujas del reloj y la otra en sentido contrario, por supuesto de mujeres y varoncitos) y de ‚ÄúLa Petit‚ÄĚ (en la 25, toda peatonal, los domingos tarde y noche), del caf√© La Perla, donde Miguel nos tra√≠a un caf√© para seis o la Cunnington ‚Äúcon ingredientes‚ÄĚ.

Del saco y corbata rigurosos no solo en los colegios sino tambi√©n por la calle, en el cine, para concurrir a Misa o simplemente para ir a ver las chicas que sal√≠an¬† del templo. Del sue√Īo de las ‚Äúquincea√Īeras‚ÄĚ con su fiesta y el protagonismo de Los Cinco Latinos. En fin, de las familias sentadas en la vereda en las noches de verano.

Acompa√Īo dos fotos, una de la Plaza San Martin, del 57 o 58, donde se ve un grupo de conocidos, rigurosamente ataviados como marcaba la √©poca, (fuente: p√°gina titulada ‚ÄúMi antigua Mercedes‚ÄĚ, en Facebook).

La otra, de 1958, en la que aparecen a Albor √öngaro y sus alumnos de 3¬ļ1¬™.

Ese curso de Albor √öngaro supo aplicar sus ense√Īanzas c√≠vicas cuando injustamente fue separado por razones pol√≠ticas el Rector Casaretto, modelo de profesor y padre de familia, moviliz√°ndose hasta su domicilio de la calle 22 donde le manifestamos todo nuestro apoyo y simpat√≠a.

Albor Úngaro dejó un recuerdo imborrable, que he pretendido ampliar en estas líneas.

Pronto, sus cenizas descansarán a la vera del Rio Luján, en su pago mercedino, del cual se había exilado, como decía don Miguel.

 

 

COMENTARIOS

Comentarios

2 comentario en “Albor Ungaro en el recuerdo de Tulio Ort√≠z (parte II)

  1. Gracias Tulio por tan hermoso recuerdo!
    aunque las ¬ęchicas¬Ľ de aquella √©poca no est√°bamos en cuestiones pol√≠ticas,recuerdo al Dr √öngaro y sus clases magn√≠ficas sobre la democracia.Adem√°s ,no recuerdo porqu√© apoyaba la ense√Īanza laica(tal vez porque la consideraba mas de izquierda,aunque por otro lado ten√≠a ideales liberales).Voy a guardar el art√≠culo que escribiste y va tambien mi modesto homenaje a esa hermosa persona que fue el Dr √ļngaro.

  2. Maria. Tus palabras son muy lindas. Gracias por ellas y por todo. Fuiste de las mejores de nuestra promoción. Seria, estudiosa y digna del respeto y afecto que todos te profesábamos. Un afectuoso saludo.

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