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Palabras que hieren el alma

Por Oscar Dinova / Ni hoy, que Argentina ganó un partido lindo, bien jugado en el arranque de la Copa América me puedo ir a dormir en paz. Ni hoy, que disfrutamos de una obra de teatro infantil donde actuaba mi nieto puedo descansar el espíritu. Tengo que contestarle a este pusilánime de Guillermo Moreno o me ahogo del todo.

Este crápula vino a hacer una analogía entre los miles de muertos en la dictadura y los problemas alimentarios en un gobierno democrático. No voy a responder ni política ni históricamente sobre los gobiernos de los últimos 70 años pues usted no lo merece y la inmensa mayoría del pueblo ha comprendido hace rato, que JAMÁS se puede comparar una dictadura asesina con un gobierno elegido en las urnas, por más defectos que se le quiera o se le pueda encontrar a este último.

Ahora bien: No puede usted Sr. Moreno poner en un punto de comparación alguna ser subido a un Fokker F-27 medio drogado por la inyección de pentotal que, le han dicho, es una vacuna pues lo trasladan a un penal en el sur, confiado, -dentro del punto límite- porque prometieron que lo van a «blanquear» haciéndolo prisionero legal, para luego ver aterrado e impotente abrirse las compuertas del avión en medio de la negrura de la noche y ser arrojado al Atlántico aún vivo y semiconsciente, con tener problemas para llegar a fin de mes, por ejemplo.

Vaya, visite la ESMA, vaya sólo mejor, vaya a la hora en que el sol es está yendo, cuando las penumbras abordan ese infierno, ahora suponga por un momento que es 1976 ó 1977 si prefiere y que está prisionero en Capucha, extenuado, sin esperanza, en la compañía de sombras que apenas se mueven en sus cadenas, es miércoles y pronuncian su número para ser trasladado, le van a dar una inyección, imagínese el resto también.

Respire tranquilo, está en 2016 y vivimos en democracia.

No corre usted peligro. Ni nadie por suerte. Fue su imaginación solamente.
Después vuelva al programa de televisión y repita lo que dijo, si puede.

Lo desprecio, lo desprecio desde el fondo de mi corazón.

En nombre de todos las personas que sufrieron un martirio inconfesable y aquellos que perdieron a sus seres queridos para siempre, lo desprecio.

Es usted un crápula. Que Dios lo perdone por esta blasfemia, que Dios lo perdone.

Yo no.

 

 

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