
Las empresas argentinas enfrentan un escenario de mayor presión financiera, marcado por el encarecimiento del crédito, las dificultades para acceder a nuevos préstamos y el crecimiento de los atrasos en los pagos.
Según el Indicador de Competitividad y Acceso al Financiamiento 2026 de CAME, el 62,8% de las PyMEs no obtuvo financiamiento durante 2025. La falta de crédito limita las posibilidades de invertir, sostener el capital de trabajo y atravesar períodos de menor actividad.
Más empresas con atrasos
Los datos de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia indican que en enero de 2026 el 12,5% de las empresas con financiamiento registraba atrasos superiores a 90 días. El porcentaje aumentó 2,6 puntos en comparación con enero de 2025.
A su vez, las cifras del Banco Central muestran que la mora empresarial alcanzó en marzo el 3,1% del crédito, frente al 0,9% registrado un año antes.
La mayor proporción de incumplimientos se concentró en los préstamos con garantía hipotecaria, con 5,4%, seguidos por los prendarios, con 4,2%; los adelantos, con 3,2%; y los documentos, con 2,7%.
También creció la cantidad de empresas clasificadas en situación 5, categoría que reúne a los deudores considerados irrecuperables por acumular más de un año de atraso. En marzo había 21.948 firmas en esa condición, el 7,7% del total, con un incremento interanual del 65%.
Diferencias entre provincias
La morosidad no se distribuye de manera uniforme en el país. En marzo, las tasas más elevadas se registraron en La Rioja, con 13,2%; Santiago del Estero, con 12,3%; y Chubut, con 9,2%.
En el otro extremo se ubicaron Jujuy, con 0,5%; Tierra del Fuego, con 0,8%; y Ciudad de Buenos Aires y Santa Cruz, ambas con 1,4%.

El desafío de las empresas familiares
A las dificultades financieras se suma el problema de la continuidad en las empresas familiares. De acuerdo con el Instituto Argentino de la Empresa Familiar, estas compañías representan cerca del 80% del entramado productivo, generan alrededor del 70% del empleo privado y aportan aproximadamente el 60% del PBI.
Sin embargo, un relevamiento de Insight 21, realizado sobre 400 empresas familiares, mostró que el 59,5% no tiene definido un plan de sucesión.
La continuidad entre generaciones también presenta dificultades. El 54,7% de las compañías relevadas se encuentra en manos de la segunda generación, apenas el 13% llega a la tercera y solo el 1,9% alcanza la cuarta.
En materia de organización interna, el 25,8% cuenta con un Consejo de Familia, el 61,4% posee un Consejo de Administración o Junta Directiva y solo el 28,3% tiene mecanismos formales para resolver conflictos.
Un recambio en un país con menos nacimientos
La planificación sucesoria también se desarrolla en un contexto demográfico diferente. En Argentina nacieron 728.035 niños en 2016, mientras que en 2022 fueron 495.295, una disminución del 32%.
La tasa global de fecundidad se ubica en 1,2 hijos por mujer, por debajo de los 2,1 considerados necesarios para el reemplazo poblacional.
Este cambio reduce el número de posibles sucesores dentro de las familias y obliga a muchas empresas a pensar alternativas si los descendientes no desean continuar con el negocio.
Por eso, además de resolver las necesidades de financiamiento y el aumento de la morosidad, las compañías familiares deben avanzar en la profesionalización de la gestión, la distribución de responsabilidades y la definición anticipada de su futuro.