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Pollachi: «No Se Hacen Cargo de Nada»

Opinión. Por Mauricio Pollachi* – Hay una frase que cada tanto escucho, siempre por lo bajo, de algunos referentes kirchneristas: “Nos hacemos cargo de que el gobierno de Alberto fue pésimo”.

Y la verdad es que no. No se hacen cargo de nada.
Porque decir que un gobierno fue malo no es hacerse cargo. Hacerse cargo sería reconocer qué hicieron mal, por qué pasó y, sobre todo, cambiar las ideas que llevaron hasta ahí.
Y ahí está el problema.
Cuando hablan del gobierno de Alberto Fernández, mágicamente Cristina Kirchner y Sergio Massa desaparecen de la foto. Como si Alberto hubiera gobernado solo, como si Cristina no hubiera sido vicepresidente y principal dirigente de esa coalición, y como si Massa no hubiera sido ministro de Economía durante el último tramo del desastre.
En 2019 recibieron un dólar de alrededor de $60 y reservas positivas en el Banco Central. En 2023 dejaron el dólar cerca de $1.000, reservas negativas y más de US$40.000 millones de deuda comercial de importadores.
Las SIRA se habían convertido en un sistema de peajes para importar. Llegamos al absurdo de tener problemas para conseguir stents e insumos médicos porque no había dólares para pagar importaciones.
La inflación era tan delirante que un presupuesto de un plomero o un electricista duraba 24 horas. Comprábamos bultos de yerba, fideos y aceite porque sabíamos que al día siguiente iban a estar más caros.
Las estaciones de servicio se quedaban sin nafta mientras YPF era presentada como el gran símbolo de la soberanía energética.
Importábamos gas por miles de millones de dólares mientras estábamos sentados arriba de Vaca Muerta.
Y hasta presupuestar una obra se volvió difícil porque nadie sabía cuánto iba a costar cuando terminara.
Eso no es que “no se cumplieron las expectativas”.
Eso es una economía destruida.
Y después hablan de la “economía especulativa”.
¿Se acuerdan de la Argentina que dejaron?
La gran inversión privada muchas veces era construir galpones para guardar latas, yerba, fideos o aceite porque sabías que iban a aumentar. La gente hacía plazos fijos para intentar ganarle a la inflación. Y aparecieron las famosas cuevas mágicas que pagaban intereses mágicos.
En Mercedes vimos gente vendiendo herramientas o usando ahorros destinados a comprar un terreno para poner la plata “a trabajar” en una famosa cueva.
¿Hay algo más especulativo que una economía donde guardar mercadería o dólares parece más seguro que producir?
Desde el cepo de 2011 la Argentina quedó atrapada en un largo período de estancamiento. Nos explicaron que teníamos una “restricción externa”, pero nunca se preguntaron seriamente por qué faltaban dólares.
En 2007 hablaban de “sintonía fina”: había que ordenar las cuentas, reducir el déficit, sincerar tarifas y recuperar precios relativos.
No lo hicieron.
Congelaron tarifas, subsidiaron la diferencia y desincentivaron la inversión.
Y después nos sorprendimos de que faltara electricidad.
También nacionalizaron las AFJP y utilizaron esos fondos para financiar al Estado. Parte de esos recursos se destinó a créditos, que con el tiempo perdieron enorme valor frente a la inflación y la devaluación.
Ese capital que se perdió también terminó perjudicando al sistema previsional y a los jubilados.
Y mientras se utilizaban los fondos de los trabajadores, aparecía Lázaro Báez con unas 450.000 hectáreas, como si fuera Saturnino Unzué.
Pero después resulta que el problema era “la especulación”.
No, muchachos.
Ustedes construyeron una economía donde producir, invertir y ahorrar era cada vez más difícil, mientras especular y estar cerca del poder podía ser cada vez más rentable.
Pero hay algo todavía más grave: tampoco se hacen cargo del daño cultural.
Rompieron la educación pública y rompieron la cultura del trabajo.
A una parte enorme de la sociedad la fueron dejando sin herramientas para defenderse sola de la vida.
Y así se fue destruyendo algo que para mí es fundamental: el bichito del progreso.
Ese que hace que una persona quiera estudiar, tener su casa, abrir un negocio, ahorrar, invertir y que sus hijos estén mejor que ella.
Eso es movilidad social.
Eso es progreso.
Y durante años se fue reemplazando por la idea de que progresar era conseguir que el Estado te diera algo.
Llegamos al punto de convencernos de que el progreso era hablar con la E.
Que discutir cómo hablar era más importante que enseñar matemática, comprensión de textos, ciencias o herramientas para el trabajo.
No tengo ningún problema con que una persona hable como quiera. El problema aparece cuando esas discusiones ocupan el lugar de las herramientas que un chico necesita para defenderse en la vida.
Eso también es abandonar a los pobres.
Porque una familia con recursos puede compensar una mala educación. El chico que depende exclusivamente de la escuela pública, no.
Por eso defender la educación pública es exigir que funcione, que enseñe y que prepare para el mundo real.
Y esto también vale para Mercedes.
Durante años el municipio se desarrolló al calor del protectorado nacional. Llegaba plata y no había demasiada necesidad de preguntarse si las estructuras eran eficientes o los gastos, necesarios.
Era como el cuento de los tres chanchitos: había plata para todo y nunca fue necesario construir la casa de ladrillos.
Hasta que dejó de llegar.

Y cuando llegó el momento de ordenar las cuentas, en lugar de hacer el ajuste municipal, se lo hicieron pagar a los mercedinos, con tasas que aumentaron más de 1000%. Estudiando como sacarles más a los mismos de siempre.
Mientras tanto, seguimos sin una política seria para atraer empresas e inversiones.
No tenemos una estructura profesional que salga a buscar empresas, ni gente preparada y bilingüe recorriendo mercados para convencerlas de venir a Mercedes.
Las esperamos. Y tenemos que ir a buscarlas.
Tenemos que pensar en grande.
Ayudar a alguien con un horno, una desmalezadora o una máquina puede estar bien, pero eso no puede ser el modelo de desarrollo de una ciudad.
Necesitamos empresas, inversión, trabajos de calidad y mejores salarios.
Necesitamos discutir una zonificación que prácticamente no se toca hace más de 20 años y generar más oferta de tierra para que una familia pueda acceder a su terreno sin depender eternamente de un sorteo municipal.
Necesitamos transporte público de verdad, que resuelva la movilidad, no que sea una simple tilde en una lista de servicios prestados.
Y necesitamos dejar de gastar recursos municipales para tapar agujeros que corresponden a la Provincia en seguridad, educación y salud. Necesitamos un gobernador que se haga cargo de sus responsabilidades, o que delegue en las ciudades si no puede.
El vecino termina pagando dos veces por lo mismo.
Por eso vuelvo al principio.
Cuando escucho a un dirigente kirchnerista decir “nos hacemos cargo de que el gobierno de Alberto fue pésimo”, mi respuesta es sencilla:
No, muchachos. Ustedes no se están haciendo cargo un Carajo.
Porque hacerse cargo no es decir que Alberto fue malo.
Hacerse cargo es reconocer que hubo un modelo que fracasó y abandonar las ideas que nos llevaron hasta ahí.
Es entender que una sociedad necesita estabilidad monetaria, ahorro, inversión, propiedad privada, producción, trabajo y una educación que prepare para el mundo real.
Hacerse cargo no es reconocer el desastre. Es reconocer las ideas que lo provocaron.
Y mientras sigan defendiendo esas mismas ideas, lo único que están haciendo es pedirnos que olvidemos el desastre para poder volver a hacerlo.

*Mauricio Pollachi – Concejal de Mercedes (B) del bloque La Libertad Avanza
Imagenes generadas por IA enviada por el autor de la nota de opinión.

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