
El derrumbe ocurrido este jueves en el inmueble ubicado en calle 26, entre 25 y 23, volvió a poner en el centro de la escena a uno de los edificios más emblemáticos de la historia cultural de Mercedes. Allí funcionaron, con el paso de las décadas, el Teatro Orfeón, el Cine Teatro Español y distintas confiterías bailables.
La tragedia se produjo mientras dos obreros realizaban tareas sobre el techo del edificio. Según la información conocida, habían subido para retirar palomas cuando la estructura cedió. Uno de ellos murió y el otro fue rescatado, trasladado al hospital y dado de alta posteriormente. El trabajador regresó a su casa luego de prestar declaración ante la Policía.
Los primeros teatros de Mercedes
La historia del inmueble se remonta a los primeros años de crecimiento de la ciudad. Después de la batalla de Pavón, en 1861, la Villa de Mercedes experimentó una expansión que también generó nuevas necesidades culturales y sociales. Entre ellas apareció la idea de contar con un teatro propio.
El primer escenario fue levantado por iniciativa de una sociedad anónima, luego de que la Municipalidad autorizara la construcción de un teatro en un solar ubicado a pocas cuadras de la plaza principal. Clodomiro Villafañe estuvo a cargo de la obra, que fue inaugurada el 9 de julio de 1862.
Aquel primer edificio era muy diferente de las salas que llegarían después: se trataba de una estructura de madera revestida con zinc, iluminada con candiles de aceite y velas de sebo. La precariedad de sus instalaciones no impidió que la inauguración convocara a una importante cantidad de público.
La función inaugural tuvo como obra principal “Traidor, inconfeso y mártir”, de José Zorrilla. Durante aproximadamente 15 años, aquel espacio se convirtió en un punto de encuentro para espectáculos teatrales y expresiones artísticas en una ciudad que todavía buscaba consolidar su identidad urbana.
La llegada del Teatro Orfeón
Con el tiempo, el primer teatro quedó pequeño y fue cerrado hacia 1876. La ciudad ya contaba con mayores aspiraciones y aquel modesto galpón de chapas y tirantes no respondía a las expectativas de la comunidad.
En ese contexto comenzó a proyectarse una nueva sala. Manuel Malmierca aportó dinero de su propio bolsillo para construir un teatro en la actual calle 26, entonces identificada como calle 32. El edificio fue inaugurado el 12 de agosto de 1879 y recibió el nombre de Teatro Orfeón.
La denominación estaba vinculada con la Sociedad Orfeón, una organización dedicada a la actividad coral y cultural. Durante esos años, sus integrantes impulsaron espectáculos y contribuyeron a que Mercedes recibiera compañías de teatro lírico italiano y otras propuestas artísticas de relevancia.
La nueva sala contaba con una estructura mucho más importante que su antecesora. Tenía platea, palcos, un balcón circular y un sector superior denominado “paraíso”. También disponía de camarines y pasillos debajo del escenario, mientras que el espacio principal permitía montar espectáculos de mayor jerarquía.
De Orfeón a Español
El Teatro Orfeón no logró generar los ingresos esperados y la empresa encargada de su explotación terminó en dificultades económicas. En 1908, el inmueble y sus instalaciones fueron rematados y adquiridos por la Sociedad Española de Socorros Mutuos por 9.000 pesos.
A partir de entonces se realizaron reformas tanto en el frente como en el interior, aunque se conservaron características de la construcción original. La sala pasó a llamarse Teatro Español y mantuvo una intensa actividad cultural.
Con el tiempo, el edificio sumó también funciones cinematográficas. Entre 1918 y 1928, José María Ripio estuvo vinculado a la comercialización de las proyecciones del Español, hasta la apertura del Cine y Teatro Argentino, ubicado en la calle 27 entre 24 y 26.
Durante buena parte del siglo XX, los vecinos podían elegir entre ambas salas para ver películas argentinas, italianas o estadounidenses, además de series por capítulos que reunían semanalmente a numerosos espectadores.
La transformación de la sala
La llegada del cinemascope, con sus pantallas más amplias y rectangulares, obligó a modificar la estructura del Cine Teatro Español. La nueva etapa comenzó en 1959, con la proyección de “Orfeo Negro”, dirigida por Marcel Camus.
Sin embargo, la expansión de la televisión provocó una paulatina pérdida de público. El Cine Argentino cerró primero, mientras que el Español continuó funcionando bajo distintas administraciones hasta bajar sus persianas en 1989.
Un año después, empresarios porteños reacondicionaron el edificio y volvieron a abrir la sala con la película “Expedición Atlantis”. La experiencia duró poco más de un año y el cine volvió a cerrar.
Hacia finales del siglo pasado, el inmueble comenzó a utilizarse como confitería bailable. Primero funcionó como Dalí, luego como El Cine Disco y más tarde como La 26 Bailable. En 2009 volvió a abrir sus puertas con el nombre de Orfeón Disco, casi 130 años después de la inauguración del teatro que le dio origen. En los últimos años también reabrió por breves períodos, primero como Esperanto y luego como Budda, aunque en ambas ocasiones la actividad se extendió apenas durante un puñado de fines de semana.
La estructura atravesó así distintas etapas de la vida mercedina: fue escenario teatral, sala cinematográfica y espacio de encuentro para generaciones de jóvenes. Ahora, el derrumbe que terminó con la vida de un trabajador vuelve a exponer la historia y el estado de un edificio que forma parte del patrimonio urbano y cultural de la ciudad.