Moyano en la banquina

Por Sebastian Varceló

A veces la historia tiende trampas que no son sencillas de identificar. En una de esas parece haber caído el líder de los camioneros. Ha cometido una bajeza de interpretación socio histórico a partir de un hecho banal y singular al comparar el actual gobierno con el menemismo por el mero acto de recibir a figuras internacionales, pero, en contextos distintos. Recibir a Madonna o Roger Waters no es una cuestión de fondo como para asociar dos nombres y figuras con desempeño contrapuestos.

Menem fue el que finalizó el trabajo de desmembramiento del Estado de Bienestar que en gran parte tejió Perón. Privatizó empresas nacionales (incluso las nacionalizadas por Perón), vendió los bienes del Estado. Se endeudó. Generó el ficticio uno a uno. Instaló la flexibilización laboral (profundizada por De la Rúa), eliminó millones de puestos de trabajo. Redujo la participación de los trabajadores en la distribución de la riqueza. Trivializó la acción política desprestigiándola hasta niveles insospechados. Y mucho más en contra de los intereses nacionales y populares.

Como contra cara el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner re-estatizaron bienes que Menem privatizo (recordemos: Menem privatizó lo que Perón nacionalizó) reinstalaron la imagen de un Estado fuerte. Pusieron el factor político por sobre las pulsiones de los grandes grupos económicos (Como hacía Perón y no Menem). Dieron un lugar de importancia a la juventud en primera escena. Empezaron a desandar el camino de la flexibilización laboral restituyendo leyes y paritarias (muchos sectores reciben aumentos por sobre los niveles de la inflación) Priorizaron la cultura nacional y latinoamericana por sobre la euro-centrista (EE.UU incluido). Devolvieron el pulso interventor del Estado, los controles y la búsqueda de distribución de la riqueza (aún insuficiente, por supuesto) Crearon políticas universales de atención a los más necesitados (Memen jamás lo hizo) y mucho más.

El Sr. Moyano acá confunde intereses personales de sostenimiento de sectores de poder con la real lucha social. Su enemigo no es el gobierno, por más que no tengan las mejores relaciones, sino las grandes empresas que ejecutan la explotación del asalariado día a día y en eso es un excelente defensor. Debe seguir ese camino. Debe también cuidar las formas, los contenidos y aclarar las cuestiones sobre las que está siendo investigado, como su rol en las obras sociales y los famosos troqueles que la prensa tanto ha cuestionado.

Su pasión por sostener el rol de primer lugar en la CGT, el control de otros tantos espacios de poder lo están conduciendo a ser no sólo un errado en la interpretación inmediata de la realidad, sino lo que es peor, un socio simbólico de los grupos económicos que en los noventa él mismo combatió. Ojalá no se vuelva, el Moyano 2012, una farsa del valiente Moyano versión década del noventa.

 

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